5/1/13

Fanfic: Me Tenia Que Pasar A Mi: Capítulo 2



Disclaimer: Toda trama, lugares y/o personajes pertenecen a Stephenie Meyer, con exclusión de los de mi autoría. Es una historia sin fines de lucro, solo para diversión pública y personal. 



~*~ Capítulo 2 ~*~

¡No Me Gustó!


Lexie  POV


Por fin se terminó. Lo menos que me gusta de un jueves de estreno es el caos que se forma cuando se acaba la película y todo el mundo quiere salir de la sala a la misma vez, como si el cine estuviera a punto de caerse en cantos y fueran a morir ahí mismo. Por eso, la Familia Van der Vaart ha aprendido a esperar que todos se vayan y nosotros seamos los últimos en salir sin ser atropellados en el camino. 

“Esto parece una estampida”- Comenté a mis hermanos, mientras esperábamos sentados a que todo el mundo saliera de la sala.
“Siempre pasa”- Contestó Alexei como si fuera algo de todos los días. Sí, se podría decir que era de todo los días. O mejor dicho, de todos los jueves. Siempre vamos todos los jueves al cine, es uno de nuestros pasatiempos favoritos y además podemos compartir en familia.

“Ya podemos irnos, no queda casi nadie”- Dijo Natasha, mi hermana mayor. Y eso hicimos. Nos levantamos y fuimos saliendo poco a poco, primero de la sala y luego del cine.

“Tengo hambre”-Me quejé mientras me acariciaba la barriga exageradamente. “Vayamos a comer”- Pedí cariñosamente a mis hermanos.

“Tú siempre tienes hambre”-Se burló Natasha. “Deberías ponerte a dieta al igual que yo, a ver si bajas eso que te sobra”- Me señaló el cuerpo con su dedo índice.

“Mejor que sobre a que falte”- Le contesté mientras cruzaba los brazos y rodaba los ojos. “Como sea, ¿De qué dieta hablas? ¡Si tú estás a punto de desaparecer!”- Yo soy feliz como soy, además, no se nota mucho lo que tengo demás. “Si quieres, te paso un poco de lo que me sobra, que mucha falta te hace”- John y Alexei ya estaban acostumbrados a nuestra discusión nutricional diaria, así que solo rodaron sus ojos. 

Después de la discusión, todos decidimos que lo conveniente era comer algo, así que fuimos rumbo al restaurante de comida rápida más cercano. Cual no estaba muy lejos. Solo a unos veinte pasos fuera del cine. La vagancia era grande y no queríamos dar mucha vuelta buscando otro lugar para comer. Pedimos un combo familiar: tres hamburguesas con todo, papas fritas y refresco regular para los chicos y para mí. Natasha, seguía con lo que ella llamaba dieta y se compró una patética imitación desabrida de ensalada verde y nada de tomar, definitivamente, presiento que cuando lleguemos a casa, llegará ahogada, ¿quién la manda?

Comimos en silencio, disfrutando de la poca tranquilidad que había. Nos habíamos sentado en una mesa cuadrada de color rojo. Las sillas eran plásticas de color blanco, demasiado incomodas para mi gusto. El lugar estaba casi vacío. Solo estaba una pareja comiendo al otro lado del restaurante. Cuando terminamos de comer todo, nos levantamos, botamos la basura y salimos.

“Iré a buscar el auto”- Dijo John, nuestro hermano mayor, mientras se dirigía hacia el estacionamiento. Nuestro auto, aunque John era su dueño, es un Toyota  Yaris, color rojo, con dos años de antigüedad.

Ya era de noche, sobre las 12 o 1 a.m. No llevaba reloj. Hacía frío, la carretera parecía un cubo de hielo y la nieve no dejaba de caer.

Cinco minutos después, John nos recogió e íbamos rumbo a casa. Alexei y yo estábamos sentados en los asientos traseros, yo a la derecha y Alexei en la izquierda, mientras Natasha estaba en el delantero y John al volante.

“¡Prendan la calefacción, por amor a Dios, me estoy congelando hasta el trasero!”- Grité irritada mientras soplaba mis manos. Todos rieron y John fue y la encendió. “La próxima vez traigo guantes”- Murmuré. Se me habían olvidado por culpa del apuro de salir de la casa para dejar a los tortolitos pasar su velada.

“¿Qué les pareció la película, chicos?”- Preguntó Natasha entusiasmada. “¿No es Jacob el chico más bello de todos y Edward el vampiro más sexy que hayan visto?

“A mí me dio igual”- Contestó John molestó. “Además, ¿Estás loca? Como me van a gustar esos tipos. Además ninguna vampiresa ni loba se compara con mi Mary”-Dijo con orgullo.

“A mí también me dio igual” – Contestó Alexei. Natasha rodó los ojos.

“¿A ti que te pareció, Lexie? ¿Verdad que Edward es bello?- Preguntaba mientras aplaudía y los ojos le brillaban de la emoción.

“Pues a mí no me gustó”- Contesté y miré por la ventana. Cada vez caía más nieve y estaba un poco nerviosa de que el auto no frenara bien. “Y el que menos me gustó fue Edward”- En ese momento Natasha me miró con los ojos desorbitados y mis hermanos se rieron exageradamente, así que pregunté un poco confusa. “¿Cuál es el chiste?”

“Eres la primera persona que escucho decir que no le gusta Crepúsculo.”- Comentó John entre risas.

“Por favor John, vampiros que brillan como diamantes a la luz del día y que no duermen. Ellos han dañado mi estereotipo del vampiro ideal.”- Les dije levando los brazos, mientras devolvía la mirada al frente. 

“Aparte de eso, los protagonistas de ese libro/ película son intolerantes, ella me cae mal, no la aguanto, y él, cuando le llega un problema, lo primero que hace es huir.”- No me gusta Crepúsculo y punto. En fin, ese no es lo mío. Con un novio como Edward, no sé si sería una bendición o una maldición. Me voy por el camino de la maldición. “El asunto de Soy-Un-Monstruo-Y-No-Merezco-La-Felicidad, me enerva.”- Refunfuñe. 
No sabía por qué me molestaba tanto si solo era una historia ficticia.

“Estás demente.”- Dijo Natasha mientras movía la cabeza de lado a lado. “Si no te gustaron, entonces, ¿Por qué compraste los libros?”- Preguntó entrecerrando los ojos, como si yo hubiera cometido un crimen “Si a mí no me hubieran gustado los libros, no los compraba. Pero, ya que no los quieres, los tomaré para mí y así tendré copias dobles.”

“Son todos tuyos.”- Dije sin ganas y rodando los ojos. Me daba igual a donde fueran a parar esos libros. Lo único que lamentaba es que gasté dinero en ellos. Aún recuerdo cuando Natasha llegó diciendo que teníamos que leer todos los libros, ¡nos hizo a Alexei y a mí leerlos! ¡Que barbaridad! “Si no te acuerdas, cariño, fue por tu culpa que los compré.”- Le informé sobre ese pequeño detalle que al parecer se le había olvidado. Sí, claro.

“Si, si.”- Dijo moviendo las manos como si no fuera nada. “¿Se imaginan que pudiéramos estar en Crepúsculo? Eso sería tan increíble.”- Gritó emocionada. “Podríamos ir a La Push o a Forks.”- Rodé mis ojos.

Natasha, siempre con sus ideas locas. Una vez quería estar en el mundo de Peter Pan porque no quería crecer. Después de eso, quería estar en Harry Potter porque quería ser una bruja y casarse con Draco Malfoy. Recuerdo que le dije que para estudiar para eso no era necesario que se fuera tan lejos, si para mi, ya ella estaba graduada y con honores.

“Natasha, ya cállate.”- Dijo Alexei un poco irritado debido a las tonterías que decía su hermana mayor. Ella le sacó la lengua. “Oh si, vaya, que madura eres.”- Comentó rodando los ojos.

“¡Ay, hermanito, te hace falta una novia!”- Comentó Natasha en tono burlón. Le gustaba molestar a Alexei porque era el único hermano que no tenía novia.

“Y a ti un cierre en esa boca”- Contestó irritado.

Ellos seguían discutiendo. Yo dejé de hacerles caso. John intentaba calmarlos. Siempre era lo mismo, discutíamos a todas horas, en todo momento. Pero, si no lo hiciéramos, no seriamos nosotros.

Ya estábamos a medio camino para llegar a casa. Nos falta pasar tres luces de transito y llegábamos. Nos detuvimos en la segunda luz con un poco de esfuerzo porque el suelo estaba congelado. La carretera estaba desierta. Miré por la ventana y todas las tiendas ya estaban cerradas. Ya quería llegar a casa. No me gustaba estar fuera en una noche de invierno. Tenía un mal presentimiento, pero lo deseché rápido. La luz de transito seguía de color rojo, negándonos así el permiso de conducir. El cinturón de seguridad me estaba molestando, así que me lo quité un momento para acomodármelo mejor. No me gustaba estar sin él, siempre he apoyado las campañas de estar a favor de usar el cinturón de seguridad porque ayudan a salvan vidas. Cuando me lo quité, mi celular comenzó a sonar, así que lo saqué de mi bolsillo con un poco de dificultad. Miré el identificador y era nuestra santa madre. 

“De seguro ya estaba preocupada de que no hemos aun llegado.”- Pensé mentalmente. Me intenté mover hacia al frente, coloqué mi mano izquierda en la cabecera del asiento de John para poder sujetarme e impulsarme, quedando de esa forma un poco apretada e incómoda entre medio de los asientos “Que mal movimiento.”-  Luego, intenté entregarle el teléfono a uno de mis hermanos.

“Toma, es mamá. Contesten ustedes.”- Dije mientras estiré mi mamo derecha con el celular en ella y Natasha lo tomó y lo contestó ya que John es que estaba conduciendo.

“Si mah, ¿qué sucede?”- Preguntó mi hermana, mientras yo intentaba liberarme poco a poco de entre medio de los asientos. “Vamos de camino. Estamos detenidos en la luz al lado de las tiendas.”

“Enana, vuelve acá y ponte el cinturón de seguridad”-Me dijo Alexei un poco nervioso al momento en que pone su mano en mi espalda para jalarme hacia el asiento.

Pero eso no pasó, no señor, eso no fue lo que pasó, porque mientras yo sacaba el celular de mi bolsillo y se los pasaba a uno de mis hermanos, detrás de nosotros venía una camioneta a toda velocidad. Que imbécil, 
¿No sabe que el suelo resbalaba en esta época del año? Debido a eso, cuando se acercaba a nosotros, y sus luces largas amarillas nos alumbraban, la camioneta no pudo frenar a tiempo y cuando lo hizo, ya era tarde porque a causa del suelo, la camioneta siguió corriendo y terminó chocando contra nosotros por la parte de atrás.

Fue un impacto horrible. Todas las ventanas quedaron hechas añicos, los cristales volaban por todas partes, cortando mi piel y la de mis hermanos en el trayecto. A causa del impacto y que yo aun seguía entre medio de los asientos y no poseía el cinturón de seguridad, sentí como en cámara lenta mi cuerpo se convertía en una muñeca de trapo y se movía hacia atrás y hacia al frente y luego salía disparado, rompiendo así lo poco que quedaba del cristal delantero y haciéndome salir despedida del auto a toda velocidad mientras éste se seguía deslizando a causa del fuerte golpe. Caí al suelo con un golpe seco y di dos vueltas y por culpa del hielo del suelo, mi cuerpo siguió corriendo sin detenerse hasta llegar a mitad del otro lado de la carretera donde quedé inerte, sin movimiento y bocabajo. No supe si me dolió todo o no me dolió nada porque todo pasó tan rápido, en pocos segundos. Mi cerebro no pudo procesar bien qué era lo que estaba ocurriendo. Copos de nieve seguían cayendo, del color blanco que poseían, se tornaron a un color carmesí. Sangre. Sangre era lo único que salía de todas partes de mi cuerpo y manchaba la nieve de la carretera.

Los únicos pensamientos que pudieron llegar a mí mientras todo ocurría fueron “Por favor Dios, no dejes que nada le pase a mis hermanos.” y “Demonios, sigo siendo virgen.”

Después de eso, no supe nada más. Todo fue una larga e intensa oscuridad. Maldición, me gusta la oscuridad, pero no esta.


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